Puede que os parezca una tontería o una chiquillada, pero cuando tuve la primera versión completa de Saros impresa en mis
manos, fue un momento muy especial para mí. Durante unos breves minutos tuve la
sensación del deber cumplido, de haber finalizado algo muy complejo que me
había propuesto hacer y que varios meses atrás dudaba de si sería capaz de
lograr.

Sin embargo, esa dulce sensación tardó poco en empezar a
difuminarse. Mi cabeza empezaba a elucubrar sobre el siguiente paso que iba a
dar con la campaña. Teniendo en cuenta las fechas veraniegas que eran, tome dos
decisiones. En primer lugar, que me iba a tomar un merecido descanso mental de
Saros. Habían sido muchos meses de intenso trabajo y necesitaba airearme un
poco para seguir pensando que hacer a continuación.

En segundo lugar pasé el manuscrito a dos de las personas
que más me habían ayudado en mi andadura de rolero junta-teclas hasta la
fecha. Les pedí que lo leyesen y que me
diesen su opinión, me mostrasen los fallos que veian y me diesen sus sugerencias para mejorarlos. Ambos son
roleros de muchos años y frikazos en el sentido más capaz de la palabra. Nunca
podre agradecerles lo suficiente su ayuda (no todo el mundo está dispuesto a
gastar su tiempo en leerse 300 páginas y ofrecerte un análisis detallado).

Raquel Villegas fue la persona a la que mandé por primera
vez Pesadilla en Manor Peak y Cruces de Guerra cuando los escribí y sus indicaciones siempre fueron de gran ayuda. Rolera de
Cthulhu añeja, escapista avezada, y una persona con la que he tenido ocasión de desarrollar varios roles en vivo como Esphore o DemenTime, y de cuyo criterio tiendo a
fiarme bastante. De las casi 30 correcciones o sugerencias que realizó sobre
Saros, termine incorporando la práctica totalidad, y aspectos como el timming
entre capítulos fue algo que ella misma desarrolló.

Felipe Perez-Palencia es una de las fuerzas roleras más
arrolladoras que conozco. Su ímpetu y sus ganas de crear y disfrutar del rol
son impresionantes. Además de dedicarse a sus propios proyectos, dirige
multitud de partidas, tanto presenciales como online, tiene un canal sobre el
hobby (www.leyendasdetertia.com) y está dirigiendo un grupo de playtesting de Saros,
del cual yo solo soy mero observador, cuando las circunstancias me lo permiten.

El verano pasó, y con la mente más fresca tomé otra
importante decisión. El hecho de que tanto Felipe como Raquel no me dijesen
nada del estilo “Mete esto en un cajón y déjalo allí olvidado para siempre, que
es una auténtica mierda”
me ayudo a decidir que quería intentar publicar Saros
algún día. Supongo que me enfrenté a la pregunta que muchos roleros que alguna
vez han escrito algo se han planteado: ¿Se lo ofrezco a alguna editorial, o
intento publicarlo por mi cuenta?

La respuesta la tuve bastante clara desde el principio. A
pesar de que tuve oportunidad de intentarlo con un par de las editoriales
pequeñas que, a través de conocidos sabían de la existencia de Saros, decidí que
lo iba a intentar por mi cuenta. Dos fueron los principales motivos de esta
decisión.

El primero fue las dudas que tenia de que una campaña como
Saros pudiera resultar interesante de publicar para una editorial (es un tocho
demasiado gordo, para bien o para mal). El segundo es que para mí, escribir rol
era una manera de seguir en contacto con mi afición y quería disfrutar de las
peripecias de llevar adelante un proyecto como este. Algo así como el que
decide, como proyecto escolar, construir un cohete de juguete, con la esperanza de verlo algún día
despegar y comprobar que altura coge, a pesar de tener que sortear todo tipo de
dificultades. Lo que importa muchas veces es el viaje, y yo quería disfrutar de ese viaje.

En un pasado remoto obtuve algo de experiencia en el mundillo
editorial, en el que incluso cursé un máster de diseño y producción, así que
muchas de las cuestiones que tendría que enfrentar no me eran del todo
desconocidas. Así pues La Sombra de Saros paso a ser el “proyecto” Saros. Era
consciente de que tendría que hacerme cargo de algunos gastos, sin siquiera
saber si tendría éxito con la auto publicación, pero ¡qué demonios! Saros era
mi juguete, mi pequeño vicio… así que los gastos que me generasen no se
diferenciarían demasiado de lo que uno se puede gastar en rol, comics o libros
y la satisfacción que me iba a generar estaba seguro de que compensaría con
creces ese riesgo.

Así pues, me marqué un pequeño presupuesto con el que
comenzar a caminar, dinero que dedicaría principalmente a que Saros empezase a
tener ilustraciones. Y en este punto tuve la gran suerte de conocer a Ander
Sarabia
, sin el cual, probablemente el “proyecto Saros” no hubiese ni siquiera
pasado de ese punto.

Pero eso es algo que contaré en la próxima entrada.