Muchas veces las cosas suceden de la manera que menos te lo
esperas. A finales de 2017 todavía ni había pensado en cuándo ni cómo hacer
pública la existencia de Saros, sin embarco en una conversación con los
organizadores de las jornadas Bilbao Rock&Rol me enteré de algo muy interesante.
Entre las actividades que estaban valorando realizarse contemplaban el que
hubiese una partida que durase todo un día, en la que solo se pararía para
comer.

Enseguida se me encendió la bombilla que me hizo proponerles
que esa partida fuese de Saros. Ellos buscaban una actividad de este tipo y yo
tenía material más que de sobra para jugar todo un día seguido. Además era
material original que nadie hasta la fecha había tenido ocasión de jugar. Las
jornadas podían ser un gran pistoletazo de salida para que Saros se hiciese
público, y además me permitiría empezar a realizar las pruebas de juego.

Este concepto, sin duda, era algo un poco diferente a las típicas
partidas de jornadas de 3-4 horas de duración. La inscripción a la partida
sería de pago, pero incluiría la comida y el picoteo. Evidentemente, mucha
gente no querría gastar el día entero en una sola partida, pero si encontraba 4
chalados que estuviesen dispuestos, podría ser algo inusual, pero bastante
especial. Los próximos meses hasta febrero del 2018 iban a ser ajetreados.

Aunque la partida iba a durar todo un día, y si por fuera,
la alargaría hasta que los propios jugadores quisieran, tenía que decidir que
parte de la campaña íbamos a jugar. Había calculado por el tiempo disponible
que, lo más probable es que nos diese tiempo a jugar solo un par de capítulos,
de los 9 que consta la campaña, pero ¿cuáles?

Barajé varias opciones pero no tardé demasiado en decantarme
por jugar el inicio de la campaña. El inicio de una campaña como Saros tiene
que ser capaz de conseguir que los jugadores se metan en harina para lo que
luego les vendrá. En aquel entonces albergaba algunas dudas sobre si el
capítulo uno (un juicio) era adecuado para comenzar la campaña, por si se les
hacia un poco cuesta arriba a los jugadores o si las mecánicas que había
planteado no funcionaban demasiado bien. Así que me vendría muy bien probar el
inicio de la campaña con fuego real.

Además, los capítulos uno y dos transcurren prácticamente sin
solución de continuidad, por lo que en cuanto a ritmo de juego iba a ser lo más
adecuado, para que la inmersión de los jugadores fuese lo mayor posible. Por si
las moscas, también había preparado el capítulo tres, aunque dudaba seriamente
de que fuésemos a llegar. El contenido ya lo tenía claro, ahora me tocaba
preparar el “desembarco” de Saros.

En la sociedad de la información en la que vivimos, las
redes sociales son un punto clave para darse a conocer. Aunque he usado
tradicionalmente Facebook y Twitter, nunca he escrito demasiado, siendo un
usuario pasivo que se dedicaba simplemente a seguir a las páginas o usuarios
que me resultaban interesantes. Sin embargo, si iba a dar a conocer Saros, resultaba
imprescindible ponerse con las redes sociales, y dado que suelo usar Facebook
con mayor asiduidad, decidí empezar creando el perfil de Saros en esta red
social. También empecé a meterme en diversos grupos de Facebook,
dedicados a los juegos de rol, algunos simplemente por el interés como
aficionado al hobby pero otros más interesantes y en los que podría participar
más.

Además, empecé a probar con los elementos gráficos que ya
tenía para hacer algo que poder llevar a las jornadas. Lo primero que se me
ocurrió es hacer unos marcapáginas para repartir a los asistentes a las
jornadas, a ver qué tal salía la cosa. Por aquel entonces ya tenía una primera
versión para el logo de Saros, así que con ese primitivo logo y el icónico
dibujo de Chandaputra, me lancé al ruedo.

Posteriormente pensé que estaría bien poder llevar algún
cartel o similar, encontrándome con la posibilidad de hacer un tótem de una manera relativamente sencilla. Podría
estar bien como una especie de cartel enorme para que los jugadores pudiesen
encontrar con facilidad el lugar de la partida en el laberintico recinto de las
jornadas. Ya tenía incluso un pequeño restyling del logo, por lo que el
resultado fue incluso mejor que con los marcapáginas.

La posibilidad de probar con fuego real la campaña hacia que
mi cabeza no parase de dar vueltas pensando también en elementos formales y no
solo de fondo que podía probar en la partida, y que podrían servir de
complementos en una futura campaña de mecenazgo (si conseguía llegar a ese
punto). En este sentido conté con la inestimable ayuda de mis compañeros de Orc
From Bilbao (OFB)
para diseñar unos bonitos tokens en acrílico y un útil
marcador de clima.

Los tokens es algo que siempre me ha parecido muy útil en
las partidas para llevar fácilmente la cuenta de algunos elementos. Aunque lo
mismo se puede hacer con garbanzos, quedan mucho más elegantes si son de
acrílico grabado por láser. Preparamos cuatro diseños, para llevar la cuenta de
los puntos de vida, los de cordura, los de magia y finalmente unos que podían
usarse como munición o directamente para cualquier cosa que fuese necesaria.
Con los de munición, la primera idea era hacerlos con los diámetros reales de
los calibres, pero pensándolo mejor, podía ser bastante lioso por la multitud
de diferentes calibres que se usaban en los años 20.

El otro elemento fue el dial de clima, fabricado en DM.
Llevaba tiempo dándole vueltas a crear una mecánica para el que director de
Saros pudiese aplicar el clima de una manera aleatoria pero con cierto criterio.
Esto es algo que tiene que ver más con el metajuego que con el argumento
propiamente dicho de la campaña, pero podía ser de bastante utilidad en función
de las acciones de los jugadores. Tras consultar con los usuarios del grupo de
Facebook de Creadores de juegos de rol, establecí una mecánica bastante
interesante. Como el tiempo de cada día podía estar relacionado con el del día
anterior, necesitaba una manera cómoda de poder llevar estos cambios
fácilmente. Y de nuevo, mis compañeros de OFB aportaron la solución con este
fantástico dial doble que contempla el tiempo y las estaciones.

Y por fin, las jornadas llegaron. El viernes incluso tuve
ocasión de dirigir a un grupo Cruces de Guerra, para ir calentando motores.
El sábado era el día de Saros. He de reconocer que estaba un poco nervioso y
con mucha curiosidad por saber cómo transcurría el inicio de la campaña. Sin
embargo, todos esos temores se fueron esfumando en cuanto nos pusimos manos a
la obra.

Creo que tuve la inmensa suerte de contar con un grupo
totalmente comprometido con la partida. Un madrileño, un catalán y dos
bilbaínos fueron los primeros en probar Saros. La partida transcurrió de una
manera muy fluida y prácticamente todo lo que tenía en mente que fuese a pasar
pasó. Los golpes de efecto funcionaron como yo había previsto, y sobre todo, se
me fueron las dudas sobre el inicio de la campaña con un juicio.

Efectivamente, jugamos los dos primeros capítulos en unas 12
horas de partida. Para jugar el tercero tendríamos que haberlo hecho durante la
noche, y aunque por momentos los jugadores se vinieron arriba y quisieron
continuar, no hay que olvidar que en las jornadas, como su propio nombre
indica, además de rol hay rock, y un poco de fiesta y desenfreno en el
concierto de las jornadas después de haber visitado Bloomfield durante todo el
día ¡tampoco nos vino nada mal!