7 de noviembre de 2018. Llegó el día D. Había preparado una
recompensa con “Early Bid” a precio reducido para las primeras 24 horas, con la
intención de darle a la campaña el mayor impulso posible durante el primer día,
así que esperaba que hubiese algo de movimiento. No creo que sea una gran
sorpresa si digo que pase unos nervios brutales a lo largo de todo ese día. El
trabajo de tanto tiempo iba a salir a la palestra y había llegado la hora de
comprobar si resultaba interesante para la comunidad, o terminaría en el
olvido.

La campaña empezaba a las 12 del mediodía y más o menos conseguí
llegar hasta ese momento trabajando e intentando abstraerme de lo que vendría a
continuación. Casi sin darme cuenta, noté como el móvil empezaba a vibrar de
una manera salvaje. Durante el mecenazgo, Verkami te manda un email por cada
aportación, por cada comentario, por cada consulta… estando en el trabajo no
pude hacerle mucho caso, pero cuando mire el móvil en el descanso para comer,
me di cuenta de que la cosa iba bastante bien. Sin embargo empecé a notar cierto
vértigo al ver la cantidad de mensajes y menciones en redes sociales, etc. que
tenía en el móvil. El pobre aparato estaba al borde del bloqueo total.

Por la tarde la cosa incluso se aceleró, y cuando llegue a
casa empecé a pensar seriamente que el proyecto igual se podía financiar en las
primeras 24 horas… algo que no había contemplado ni en mis previsiones más
optimistas. Pero lo que sucedió fue incluso más sorprendente, ya que finalmente
consiguió financiarse en 11 horas, mientras charlaba con Felipe en su canal
Leyendas de Tertia sobre el trepidante inicio de la campaña. Absolutamente
alucinante.

En esos momentos estaba tan absorbido por gestionar la
campaña que no era consciente del orgullo y la satisfacción personal que sentía, por el hecho de que todo lo que había planificado hubiese dado ese resultado.
Supongo que el éxito o fracaso de un mecenazgo depende de muchos factores,
alguno de ellos ajenos a lo que uno mismo puede hacer, pero haber sido capaz de
poner los suficientes ingredientes en la cesta como para que tuviese ese inicio
arrollador, es algo que se quedará conmigo para siempre y que jamás olvidaré.
Había conseguido lo que buscaba cuando tomé la decisión de seguir yo solo con
el proyecto.

En las primeras 24 horas se recaudó sobre el 40% de lo
conseguido al final de la campaña, así que podéis haceros una idea del efecto
que tuvo el “early bid” a la hora de conseguir la masa crítica para que el
mecenazgo despegase. Aunque los mecenazgos suelen llegar tras los primeros días
de impulso a una fase de meseta hasta los dos o tres días finales, he de
deciros que durante el mecenazgo de Saros, solo hubo dos días en los que no se
realizase ninguna aportación por parte de los mecenas, por lo que como veis, el
flujo de aportaciones fue bastante constante.

Participar la primera semana de mecenazgo en una pequeña
entrevista con Piru, en el canal de La Mazmorra de Pacheco, tuvo una
importancia crucial en mantener un cierto ritmo más allá de esa meseta. Puede
parecer que salir en un canal con decenas de miles de suscriptores es algo muy
difícil, pero realmente no hay más secreto que ponerse en contacto con ellos
para hablarles del proyecto, y avisarles con suficiente antelación. De hecho,
en principio la entrevista estaba prevista para finales de noviembre, pero
finalmente consiguieron hacerme un pequeño espacio durante esa primera semana.

El primer fin de semana de campaña logré sustraerme un poco
de la vorágine que se había generado durante esos primeros días acudiendo a las
jornadas de ocio alternativo Imavega en Torrelavega, invitado por Ángel, otra
bellísima persona que además me ayudó mucho dándome algunos consejos sobre la
comunidad rolera en internet. Las jornadas se realizaban en La Lechera, un
lugar en el que ya se hicieron hace casi 20 años unas jornadas CLN a las que
acudí y de las que tenía un grandísimo recuerdo.

Por primera vez fui consciente de lo que estaba suponiendo
el mecenazgo. Mecenas que se detenían a saludarme y charlar sobre Cthulhu, rol
y muchas otras cosas. A pesar de quedarnos casi sin tiempo, también pude
dirigir, en memoria de Greg Stafford (ya que ese día se le hacía un homenaje
mundial), el mismo capítulo que llevé en las LES, aunque de una forma bastante más
narrativa para que nos diese tiempo. Jugar con varios mecenas, charlar del
Verkami, fue también algo que disfrute muchísimo. A pesar del cansancio y la
falta de sueño que arrastraba esos días, fue una grandísima experiencia.

Durante el mecenazgo, la gestión de los extras que iba
añadiendo fue bastante sencilla, ya que la mayoría de ese trabajo ya lo tenía
hecho y apenas tuve que improvisar, más allá de decidir el orden en el que
establecía algunos extras. Por otro lado, el Dashboard de Verkami (la página de
gestión del mecenazgo) te ofrece bastante información interesante, como número
de visitas a la página, seguidores, etc. que te ayudan bastante a la hora de
hacer una proyección de por dónde puede andar el resultado final. Esto tiene su
relevancia a la hora de establecer los extras.

Uno de los muchos efectos positivos de haber financiado el
proyecto en menos de 12 horas es que pude emplear gran parte de los 39,5 días
restantes en seguir trabajando en el proyecto con cierta intensidad. La verdad
es que 40 días se hacen muy largos y entiendo a aquellos proyectos que plantean
campañas de 30 o incluso 20 días. El esfuerzo mental y el estrés son
considerables, ya solo en intentar responder a todos los mensajes que te llegan
a través del propio mecenazgo, por email o en redes sociales.

Y precisamente uno de los aspectos más importantes en los
que pude avanzar es que conseguí embarcar en el proyecto de Saros a un artista
de la categoría de Iñigo Maestro para el diseño de la maqueta del libro. En un
primer momento invertimos buena parte del tiempo es establecer los criterios
estéticos de la maqueta, pero una vez definidos, creo que dimos rápido con la
tecla.

Aunque íbamos un poco justos, tanto Iñigo como yo pensábamos
que si nos daba tiempo a enseñar algunos bocetos y pruebas del diseño de la
maqueta, podría ayudar a ese empujón que siempre suele haber los últimos días
de mecenazgo. Tampoco quería precipitarme en enseñar algo excesivamente
provisional, pero finalmente pudimos mostrar unas páginas que tuvieron un
importante efecto en muchos mecenas a la hora de demostrar que, aunque es un proyecto de autor, el resultado no va a desmerecer demasiado del
que podría lograr una editorial profesional.

Es curioso que, acercándonos al final de la campaña, mucha
gente me preguntaba sobre la posibilidad de que los dos últimos extras no
llegasen a desbloquearse. Yo tenía confianza que llegar a ellos, por los datos
que manejaba, como he mencionado anteriormente, pero evidentemente esa
posibilidad existía. El penúltimo extra, los tokens de magia, aunque son los
menos usados, tienen un bonito diseño con el símbolo arcano que te permite
usarlos para otros juegos cthuliescos tranquilamente y además quería ofrecer
los cuatro tipos de tokens que había usado durante las pruebas de juego.

El último extra quería que fuese algo especial. Se me
ocurrió a mitad de mecenazgo que hacer un calendario de mesa, precisamente de
1924, el año en el que transcurre la campaña. La posibilidad de introducir
datos de interés, podría ser algo ciertamente chulo y original… que no se ve
por ahí. El riesgo de no desbloquearlo era todavía mayor que con los tokens de magia,
pero tras un fulgurante arreón final los últimos días, al final se desbloqueó
sobradamente, completando un mecenazgo de ensueño. Un mecenazgo hecho a mi
manera, con los elementos que yo quería poner sobre la mesa…algo único y
probablemente irrepetible.

Mi petición de ayuda a los mecenas para culminar el proyecto
de Saros había sido escuchada más allá de mis más optimistas previsiones,
haciendo que el proyecto se convirtiese en algo todavía más grande. Así que
ahora, tengo todos los elementos necesarios para rematar la faena y que La
Sombra de Saros
vea la luz en 2019.